Abr 132011
 


Nuestro viaje desde Delhi terminó bajando de un taxi en frente de una preciosa playa bañada por las aguas de mar Arábigo. Desde ese momento las sensaciones fueron buenas.


Los Keralanos de la Costa Malabar son gente encantadora y sonriente, curtida por el sol del trópico. La playa principal cuenta con todo tipo de servicios, como vigilantes, hamacas y sombrillas, duchas para después del baño en el mar.





El primer día paseamos por la playa hacia el sur, hacia el cabo Comorin, la punta de India. Durante el camino nos encontramos con pescadores que trabajan con sus redes y embarcaciones. A los lejos unas simpáticas niñas nos aclaman como si fuésemos estrellas de cine.




Las aves sobrevuelan los pescados descartados, dándose un festín acrobático. Los cangrejos de arena son de más de un palmo y si te descuidas los pisas.




En la iglesia del pueblo, cristiana, trabajan con la limpieza para recibir a los fieles cuando se ponga el sol. La música suena desde un potente equipo de música desproporcionado para el recinto. El momento es muy surrealista, con una música muy parecida a todo volumen, a la que estas escuchando si le has dado a play music al principio del post.






Los niños y sus familias nos saludan atentamente mientras avanzamos por el pueblo. Al acercarnos a un casa, una familia nos invita a sentarnos con ellos un rato. Nos obsequian con una rica papaya y cocos recién robados de la palmera. Charlamos un rato con ellos, nos cuentan que son pescadores y nos presentan a sus familias. Son muy amables y corteses.



Por la tarde, al volver, muchos pescadores se lanzan al mar en busca del jornal. La playa es un revuelo de niños y hombres preparando sus aparejos.



Al llegar de nuevo a Varkala, la gran playa esta a tope de Keralanos viendo la puesta de sol. El ambientes es místico y sosegado, predispone a disfrutar del mágico momento en una preciosa playa convertida en la plaza del pueblo. Vendedores, paisanos, un partido de Volley playa, otros haciendo yoga mirando hacia la puesta, lo vigilantes con sus pitos… los perros ladrando, todo un alboroto armónico.



Al día siguiente nos vamos hacia el norte hasta Kappil Beach. El terreno es más escarpado y nos encontramos con calas y acantilados, de los que cuelgan pequeños resort de turistas vacíos por haberse terminado la temporada alta. Otras villas son auténticos spas de lujo, para residir un par de semanas y recibir masajes y terapias antiestres.


Los dos pendejos se pelean con olas serias y los meneos son importantes, de esos que pruebas el sabor de la arena. Nada de meterse hacia dentro, la corrientes es fuerte y peligrosa.





La vuelta desde playa Kappil la hacemos en tactac y disfrutamos a su ritmo de los pueblos y sus gentes. Paramos en un paso nivel, en pleno pueblo, y se detiene le tiempo hasta que pasa el tren…


Con mi colegilla Suni, keralano currante del Bar Fiesta, con terraza chill out, pescado fresco, birras de extranjis y todo lo necesario para ver la impresionante puesta de sol sobre Varkala Beach.


Como es norma de la casa, para los que lleguen hasta aquí, algunos momentos animados del finde de semana en el paraíso tropical:

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