Nov 282018
 

 

 

Cusco, la capital de Imperio Inca.

Otros la llaman la “Roma de América”. Nos gusta homogeneizar por norma, debe ser algo relacionado con el egoísmo humano. Ese interés en lo ajeno, buscando un beneficio propio que empobrece en lugar de enriquecer. Algunos lo llaman evolución.



Centro histérico (histórico)

Está saturado de tráfico y caza turistas. Hay pocos momentos de tranquilidad. La catedral, la iglesia, el convento, etc. Mucho monumento con energía negativa y restaurantes para los visitantes.


Barrio de San Blas

Subiendo hacia la montaña todo el estrés se vuelve calma en San Blas. Las callejuelas no permiten el acceso al tráfico y se puede disfrutar mucho más de Cusco. Muy recomendable el mercado de San Blas para comer un rico Ceviche o tomar un riquísimo zumo de frutas tropicales.

Mercado de San Francisco

Al otro lado de la milla de oro de Cusco está el mercado de San Francisco, rodeado de puestos callejeros con dulces, comidas y payasos ambulantes. El chicharrón de está señora es magnífico.




Mamá Simona Hostels

Para dormir y descansar tengo la gran suerte de dar con Mamá Simona Hostels. Hoteles en mis tres destinos: Cusco, Ollantaytambo y Aguas Calientes. Mi olfato pocas veces me engaña y en efecto, como dice su eslogan y como digo siempre: Sentirse como en casa en el Perú 🙂

1ª Etapa: Cusco – Ollantaytambo

El primer día salgo hacia Ollantaytambo vía Pisac. Allí tomo un camino de montaña y subo hasta que me canso de pasar por pueblos solitarios sin ver un alma. Después de repostar en una Repsol, como en casa :), sigo recorriendo el valle sagrado con un fuerte viento en contra con el río Vilcanota a la izquierda.



Ollantaytambo a pesar de ser un lugar estratégico de paso hacia el Machu Picchu, conserva ese espíritu de pueblo entre montañas. Colgadas de estas se contemplan desde la misma plaza del pueblo, las ruinas del Imperio Inca. Abarrotadas de turistas con gorras y gafas de sol.

Mamá Simona en Ollantaytambo, un precioso jardín del que no quieres partir.

 

2ª Etapa: Ollantaytambo – Lares – Ollantaytambo

En Ollantaytambo me quedo dos noches y decido en mi “día libre” ir a Lares por la montaña. Google maps no me muestra la trocha a seguir, pero pregunto en una agencia de viajes de la plaza de armas y dice que sí, que ellos lo han hecho en bicicleta.



Con el traje de lluvia salgo de Ollantaytambo por el camino a Willoq, una preciosa pista que me va a llevar a dar un paseo por las nubes. En el km 22 cruzo el valle hacia el este atravesando una zona de pequeños lagos en los que abundan las llamas y alpacas. Paso un pequeño poblado con cuatro casas.

Poco después paro al lado de una camioneta para confirmar con el conductor mi ruta. Este me pide llevar a una mamá y su niño de pasajeros en la moto hasta su casa. Mi respuesta es que es una gran responsabilidad y el conductor me dice que solo debo ir despacio. Por último le pregunto a qué distancia está su casa y  me dice que solo a unos 20 minutos.

Así que que se suben en la Tornado y con una ligera lluvia partimos por la hermosa pista. Con la moto bien agarrada veo a Lisandro, el niñ0, que continuamente me está mirando por el espejo retrovisor con una sonrisa, pura emoción. Sin ver nada parecido a un pueblo la mamá me dice que pare. Le digo, ¿Pero dónde está tu casa? Ella me señala la ladera que tenemos adelante y allí veo un par de casas de piedra. Dándome las gracias por ahorrarle un paseo a pie de dos horas con el niño y la carga, nos despedimos entre risas y agradecimientos.





 

3ª Etapa: Ollantaytambo – Aguas Calientes

Llega la etapa reina del viaje. Hoy debo llegar a Aguas Calientes o Machu Picchu pueblo. Para ello debo subir el Abra Málaga, un puerto de montaña con un paso de 4.316 metros. De nuevo con el traje de lluvia apretando, salgo temprano con el deposito lleno del precioso Mamá Simona Ollantaytambo, con mucha nostalgia de dejar tan especial lugar.



Al llegar a las nubes empieza la llovizna. Después del paso la lluvia se hace más intensa, lo que junto a la neblina hace que vaya muy muy tranquilo. Conforme voy bajando la intensidad disminuye y empieza abrirse el cielo, descubriéndome un paraíso tropical exuberante. No puedo evitar recordar mis queridos Western Ghats en el sur de India.




Disfruto mucho de la ruta, parando varias veces e incluso metiéndome por pistas para ver de cerca las plantaciones de café y de té. Y cómo no, probar el rico café. Hasta Santa María es todo asfalto pero después hacia Santa Teresa y la Hidroeléctrica, donde tengo que dejar la moto, vuelve la tierra.


La pista desde Santa María a Santa Teresa es espectacular. Un acantilado que sube y baja con el profundo valle a la izquierda desafiante. Ha llovido y la trocha está perfecta. Con buenos tacos detrás me siento más seguro con la tierra un poco húmeda que polvorienta. Disfrutando mucho de la moto llego a la hidroeléctrica y allí me recibe Willy con una sonrisa. Dejo la moto y todo el equipo de moto en su casa. Me pongo la mochila a la espalda para caminar por la vía del tren los 12 km que me separan de Aguas Calientes




Y sigo disfrutando ahora a pie del camino y todo lo que me rodea. Las montañas, el río, la vegetación tropical, la gente que recorre el mismo camino.



 

Machu Picchu

Llegas a sitios que has visto muchas veces en fotos, en la tele, en la publicidad. Necesitas un aditivo para disfrutar y emocionarte con ellos. Elijo subir la montaña, dos horas de escaleras hacia el cielo, rodeado de árboles y arbustos tropicales, acompañado del canto de los pájaros. Al llegar arriba saco de la mochila el chicharrón de pollo que me sobra de la cena del día anterior. La mirada de todos mis compañeros de subida, con sus barritas energéticas y plátanos es un poema 🙂

4ª Etapa: Regreso a Cusco

Madrugo y me despido de la calidez de mi casa en Aguas Calientes, Mamá Simona.


Para volver a la Hidroeléctrica esta vez tomo el tren. No sé lo que me va a deparar el día y a pesar de los USD 33, no tengo dudas.  Al llegar me recibe Willy, me pongo el equipo de moto y ordeno el equipaje, mientras charlamos de viajes y del mundo. Aquí os dejo su contacto. Nunca se sabe cuando uno puede ir al Machu Picchu en moto!!
+51 991 745 060 (Wilfredo Escobar)


Y a solo cinco kilómetros de Santa María, disfrutando como un animal de la trocha, sin tráfico, buen clima y lo que me quedaba de día, la rueda de atrás empieza a bailar. Pinchazo con suerte. Llego con calma al pueblo y solo a 100 metros a la izquierda, está la gomería esperando. 28 soles más 10 de propina, viendo trabajar a un artesano, un chaval. Cruzamos tres palabras, no era muy locuaz. En 45 minutos estaba de nuevo en marcha 🙂



El resto del día es puro gozo. Esta vez paso el abra Málaga con el cielo casi despejado y sin el traje de agua. Puedo ver los inmensos picos andinos que me rodean. La subida, la bajada. Tomo café de nuevo. Paro arriba a pesar de la oposición de los perracos. Me fumo un cigarro contemplando la inmensa bajada que me espera, el increíble paso entre las montañas, las nieves ahí arriba… besándose con la nubes. Saludo a todo el que pasa. Me da igual que sean taxis o micros de esos que me encontraba en medio de las curvas cerradas. Puro éxtasis motero y aventurero.

Después de comer en Ollantaytambo sigo por el Valle Sagrado hasta Urubamba. Abandono el valle para saltar a Cusco y salgo de la ruta principal por pistas, sin prisa, apreciando los Andes y sus grandiosos picos. Más nostalgia de formar parte de todo durante más tiempo. Miro por el retrovisor diciendo “Hasta luego”

 

 

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