Ene 212013
 

El sábado estuve pinchando en una fiesta de despedida de uno de los grandes de indianapolis. Un español que ha sido capaz de aguantar aquí currando la friolera de cinco años. Cuando me preguntó por mis honorarios por pinchar, le dije que le haría un 50% de descuento por ser amigo y no entidad o empresa. Me dijo que me lo pagaba todo y que la mitad lo pusiese en Bolis y Balones. Estos gestos altruistas llenan corazones y generan esperanza.

La noche fue larga y movida de verdad. La fiesta fue en un gran salón de un hotel del sur de Delhi y allí estaba gran parte de la colonia española, la que todavía está para bailes y copas. También estaban los nativos, el llamado “staff”… Pues bien, los conocí a todos, además de los chavales de la foto, disc jokey y light jokey, conocí al dueño del hotel y a toda su familia cercana, hermanos, cuñados, primos, sólo hombres por supuesto. Todos se colaban en la cabina, de repente sin pedir permiso, cuando me despistaba… Era increíble, me giraba para buscar un tema en el ordenata y cuando volvía la cabeza tenía un primo y un cuñado al lado mio con cara de pez.

La cabina siempre ha sido carne de cañón sin una buena puerta. Recuerdo noches en Bugatti en las que eramos más dentro de ella que en la sala, todo normal hasta ahora. El “problema” fue otro. Por hacer una gracia a los nativos, que algunos también estaban entre los invitados, decidí poner un par de temas indianos. Precisando un poco, un par de canciones de bollywood muy conocidas y un temita punjabi.

El Punjab es un estado del noreste de India con una larga historia, por esta área entraron en india los griegos, los persas y otras comunidades de Asia central. Aquí tienen sus raíces los Sikhs. El sijismo es una religión india fundada por Gurú Nanak (1469-1539), que se desarrolló en el contexto del conflicto entre las doctrinas del hinduismo y del islamismo durante los siglos XVI y XVII. Por todo esto y alguna razón más, el Punjab tiene su propia idiosincrasia y parte de ella son las canciones punjabi, una especie de mezcla de hip-hop con bollywood y muchos gritos.

En fin que abrí la caja de pandora, pero no lo vuelvo hacer en la mismas circunstancias, seguro. Desde aquel momento fui literalmente abrumado por las peticiones insistentes de los familiares del dueño del hotel. Punjabi song Sir!… Así transcurrió la noche, plagada de interrupciones, que al principio intenté domar con la famosa paciencia que hay que tener en este país para todo, pero que conforme se iba acabando el alcohol, eran más agresivas y exigentes…Ya entradita la madrugada, empezó a venir a la cabina el séptimo de caballería, uno por uno, baja el volumen o quita la música, todos distintos, para desgastar más.

Menos mal que los amigos estaban cerca para echar balones fuera de vez en cuando y evitar un conflicto internacional hispano-punjabi 🙂

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