Viajar de una forma más auténtica.
  El blog de Daniel González Guarinos.

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Dic 162010
 

Music, please:

La distancia no parece tan grande desde aquí y si ponemos la variable tiempo la fórmula se complica. Según Einstein el tiempo y espacio son relativos, dependen de la posición en la que se encuentre el observador. Ver el planeta de los simios, para más información. Con las matématicas no sabría explicarlo ni en un millón de años, pero creo que algunas veces lo puedo sentir.


Después de casi dos meses de intro, hacemos un kit kat y salimos del meollo hindi. La navidad, es lo que tiene, que se vuelve a casa siempre, quien puede claro. Es como aquí el Diwali, las familias y amigos se juntan para celebrar esos días tan especiales que marca el calendario. Por una parte estoy encantado de catar algún pata negra, pero por la otra, las ganas de avanzar aquí y estar cómodos y contentos… si me lee mi madre me mata.


En Delhi no hay aceras, y camiones, autobuses, coches, rickshaws, motos, … van todo el día pitando a los peatones. Cuando viene una bicicleta el sonido de su timbre es como una sinfonía. A pesar de todo ese ruido, la vida no es demasiado estresante para algunos. El poder dormir en cualquier lado es todo un arte digno de estudio y ensayo.


Me llama mucho la atención ver a las mujeres trabajar en tareas en las estamos muy acostumbrados a ver hombres. Son imágenes nuevas, que no estaban grabadas en mi cabeza antes. Impactan al principio. Vas paseando por la calle y las ves sacando el escombro sobre sus cabezas, y además con su traje, el sari .


Los niños están por todos lados. Adolescentes y renacuajos forman parte de esta mole de ciudad y se mueven con templanza por el adverso medio urbano. La hora de la salida del cole es un desfile de pitufos cada uno de su padre y de su madre.


Las chicas con las chicas y los chicos con los chicos.


Observar trabajar a los hindis es curioso y emocionante. Hacen las cosas sin pensar en la consecuencias… cosas que antes no pensabas que se pudiesen hacer fuera de un circo. La escalera pequeña no fue un problema, como yo me temía, y se las apañaron de manera admirable, para continuar trabajando sin perder tiempo, buscando otra escalera más larga.

Estamos en temporada de piña. Los vendedores te la llevan a la puerta de casa, la pelan y cortan con mucha arte y precisión. Según me a dicho una amiga, pronto vendrá el calor y con él los exquisitos mangos.

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